Acervo

Sala Siglo XIX

Sala Siglo XIX

La acuarela ha continuado unida al movimiento paisajista que le dio nueva
vida desde el siglo XVIII, pero en su desarrollo no están ausentes las
representaciones del tema humano y otros aspectos creativos, producto de
la imaginación.[1]

Alfredo Guati Rojo, 1986.

 

 

La sala del siglo XIX ofrece un panorama de la técnica de la acuarela desde finales del siglo XVIII hasta principios del XX en la acuarela mexicana, un periodo de tiempo en el que la acuarela fue obteniendo mayor lugar dentro de las artes y sirvió a grandes maestros del arte en México.

 

Durante la época colonial o virreinal, la pintura al agua utilizada por las culturas prehispánicas fue reemplazada por el óleo debido a la herencia de la escuela europea que sólo consideraba como arte a la pintura al óleo, la acuarela se utilizó en este periodo para iluminar estampas populares, códices, libros de coro, catecismos y demás material didáctico religioso.[2] Los muros de los conventos también eran decorados con pigmentos al fresco, se pintaban motivos religiosos y nacionales.

 

La acuarela en miniatura

Este uso de la acuarela, se mantuvo a lo largo de los siglos XVII y XVIII en el México colonial e inclusive en la transición del México independiente del Siglo XIX. La acuarela permaneció entonces al margen de técnicas más importantes y reconocidas hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando artistas europeos viajan al continente americano y utilizan la acuarela por su practicidad e inmediatez para capturar paisajes y escenas costumbristas.

 

Acompañada de la litografía, introducida en 1826 a México por Claudio Linati, la acuarela fue utilizada en obras que reflejaban las costumbres de México. La acuarela sin embargo, no se desarrolló con la intensidad con que se dio en Europa, los materiales eran inaccesibles y no se reconocía en las academias de arte del país a la acuarela, se instruía a los futuros artistas a utilizar las aguadas y acuarela como técnica de soporte o previa a la pintura al óleo.

 

A finales del siglo XIX, artistas como Felipe Santiago Gutiérrez, Félix Parra y Leandro Izaguirre emplean la acuarela como resultado de influencia europea, ya que en viajes al Viejo Continente estuvieron en contacto con el auge de las academias inglesas, españolas y francesas de acuarela.

 

Ya a principios del siglo XX, artistas como José María Velasco, Diego Rivera, Saturnino Herrán, José Clemente Orozco, Ignacio Rosas y Eduardo Solares, entro otros, emplean la acuarela al mismo tiempo que otras técnicas en su producción artística. Se emplea entonces para transmitir obras del auge paisajista y eventualmente del movimiento nacionalista del arte mexicano.

 

La apreciación de la acuarela como técnica principal sucede gracias a personajes como Gonzalo Argüelles Bringas, importante paisajista y acuarelista; Pastor Velázquez, artista con especial interés en los temas históricos; Leandro Izaguirre, representante de la cumbre del movimiento indigenista en la pintura y Manuel M. Ituarte, arquitecto y profesor de la Academia de San Carlos; quienes practicaron profusamente, difundieron y enseñaron el arte en acuarela. A su vez, Pastor Velázquez fue maestro de muchos destacados acuarelistas de la segunda mitad del siglo XX como son Edgardo Coghlan, Manuel Arrieta, Demetrio Llordén, Alfredo Guati Rojo y Rafael López Muñoz.[3]

 

Esta transición enmarca entonces un periodo de gran movimiento no sólo en el arte, sino de transformación del país y nos permite conocer la calidad de la factura, composición y creación de artistas que dominaron además de la acuarela, medios más tradicionales como el óleo y el grabado.



[1] Periódico Excélsior. 23 de mayo de 1986. Entrevista con Angelina Camargo Breña.

[2]Guareib Ranth, E. M. (1997). La acuarela en méxico. Tesis Universidad Iberoamericana. México, D.F.

[3] Fernández, J. (1952).Arte moderno y contemporáneo de México. Imprenta universitaria. México, D.F.