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Siria

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Hay temas en los que la voz de un niño puede acercarnos más una posible respuesta, que las mil conclusiones de una aguda investigación. La imaginación, las ganas de jugar, de crear y de vivir, que afloran dentro de la fantástica mente de un infante deberían ser tomadas muchas más veces en cuenta, como la brújula que señale el oriente de las inquietudes y controversias más complicadas en nuestra vida.
En un tema tan complicado y profundo como la crisis en Siria, darle voz a sus niños (ofreciéndoles los muros del museo como foro), se vuelve una forma de continuar con uno de los objetivos principales del Museo Nacional de la Acuarela: En este espacio cabemos todos.
Curadas con la intención de qué el espectador pueda concluir sus propias preguntas en torno a la situación que relatan los trazos de los niños, la exposición busca que los visitantes se acerquen al tema a través del susurro en falsetto, de un coro de pequeños sabios que, como gorriones, cantan un tono dulce y contundente al mismo tiempo, en donde se mezclan colores y formas.
Conforme caminamos el camino amarillo, al que podríamos llamar vida, cambia todo lo que sucede a nuestro alrededor. Aquella canción que sigue retumbando en el eco nos advierte que a fin de cuentas, así como todo cambia, que yo cambie no es extraño. Los colores y escenas que se observan en la exposición, en ese sentido, fungen al mismo tiempo como capsula del tiempo que da luz, voz y lugar a un escenario que no debe repetirse nunca. Observar una obra de esta índole, pintada por un alma de menos de 15 años, inevitablemente, cobra una relevancia y una trascendencia enorme.
La situación que atraviesa Siria, y la neblina que también recubre a muchas partes del mundo, provoca que los cuadros sean una manera de recordarnos (como madalena proustiana) que mucha de nuestra labor en vida radica en buscar que los niños (muchos aún por nacer) tengan la posibilidad de vivir rodeados de música, de color, de música y de verdad.
En realidad, ninguna de las obras necesita presentación. Conforme avance el recorrido, el espectador tejerá un hilar en el cual construirá la prenda que abrigará las conclusiones e impresiones de la exposición. Quizá sería pertinente recordarnos que en todo momento y frente a cualquier peripecia siempre habrá que imaginar—con la pausa del instante—y actuar en consecuencia. Siria vista desde sus niños nos permite enfocar a través de la retina de los pequeños y así, lograr que nuestra imaginación levite.